Las Estructuras

LAS ESTRUCTURAS
Puntos Ciegos, o Cegueras Voluntarias

Por: Sara Martínez ramírez

Muchos nos hemos preguntado por la inteligencia de nuestra especie humana, sobre todo cuando miramos los resultados que estamos generando, y eso ocurre, es cuando damos la vuelta por los canales internacionales o los noticieros donde el resultado no es otro que aumentar la preocupación, ocurre cuando deslizamos el pulgar por la pantalla del teléfono y el absurdo salta a la vista de la mano de imágenes sin contexto, o sonidos sin voz o voces sin referencia y credibilidad. Ocurre con la IA frente a la que tememos o nos esperanzamos, sin saber cuál de las dos cosas es peor.

 

Y si, parece que el defecto estuviera en nosotros, pero la pregunta que hoy nos acompaña es ¿En nuestra humanidad o en nuestras formas de estructurarla? Pienso que nuestra especie no tiene nada en si misma que configure las fealdades de las que hemos llenado el mundo y en cambio atiendo la invitación de Otto Scharmer a revisar las estructuras que sostienen nuestras prácticas de vida. Estructuras que emergen de la participación de todos, con la fuerza y el poder de unos cuantos y que se dan por las necesidades de resolver siempre algún asunto.

 

Otto Scharmer en su última exposición pública para América latina: Seminario Otto Scharmer “La Teoría U y sus aportes en los procesos de innovación social», hizo énfasis en la importancia de intervenir y hacernos cargo de las estructuras. Él nombra por supuesto estructuras fundamentales a nivel económico, entendiendo la economía desde su raíz oikos, como las Casa de todos, idea que ha sostenido durante su desarrollo continuo de la Teoría U.  Y desde allí Ana María Estrada ha sabido resonar con la invitación que el Campo Social esta trayendo. “debemos trabajar desde y para mover las estructuras”.

 

¿Pero qué significa -mover las estructuras desde la perspectiva del futuro emergente en función del paso -de lo egosistémico a lo ecosistémico-?  Significa abrir las conversaciones y atender lo que pasa por la escucha, pues en diferentes campos (sociales, institucionales, políticos, familiares, entre otros) sabemos cuáles son los problemas, pero no queremos o no logramos ocuparnos de ellos. Es por esto, que la invitación de Ana María Estrada trae un compromiso reiterativo con lo organizacional, entendiendo las organizaciones como organismo y nicho del movimiento estructural donde podemos abrir las conversaciones y hacernos cargo.

 

Las organizaciones representan un espacio fundamental en los procesos de transformación social, de un lado, son sistemas que participan de los desarrollos locales y económicos del mundo, y de otra parte, configuran el lugar de expresión para algunas personas, de ese punto de acupuntura que es la relación del ser humano con su trabajo, independiente del rol, el área o el cargo que se tenga dentro de la organización o en relación con ella; clientes, proveedores, accionistas y otros cuya interacción se da por el hacer del sistema.

 

En este sentido, las organizaciones no sólo contienen en si mismas estructuras, expresadas en prácticas, procesos, organigramas, políticas, modelos y otros, sino que ellas mismas participan de unas estructuras mayores como son el mundo del trabajo, de los capitales, los negocios, las finanzas, las tecnologías y las gobernanzas. La manera como las organizaciones se presencian a sí mismas determina que tanto impacto tienen en estructuras más amplias y que tan fluidas y livianas son sus formas de movimiento interno.

 

Ahora bien, existen herramientas que históricamente ayudan a ver defectos de las estructuras de las organizaciones, generalmente estas formas de valoración se fundan en la objetividad de opinión de la mayoría, y consisten en calificar a otros o ser calificados por otros: auditorias, valoraciones externas de reputación, percepción del cliente, y a nivel interno: clima, liderazgo, desempeño, entre otros.  El asunto es que la mayoría de estos métodos instan a mirar hacia afuera, lo cual tiene un efecto sistémico importante y es que los resultados también quedan afuera, el problema es:  el liderazgo, la cultura, los procesos, el mercado, la regulación, la gente, el otro o los otros, etc., y es por esa razón que las estructuras no se mueven, ¿pues si el problema está fuera nuestro, quien entonces lo puede resolver?

 

Vale precisar que cuando hablamos de estructura no nos referimos exclusivamente al organigrama, que tanto se empeñan los líderes en mover cuando desean hacer cambios para que la empresa funcione, muchas veces funcione a su criterio, lo cual está bien. De hecho, casi todas las valoraciones externas terminan por decir desde afuera como se tienen que reorganizar los cajones de los cargos en las áreas, o pisos, de la organización.

 

Y entonces las personas se ubican en el nuevo cajón, sin compromiso, y es así porque el movimiento resultante, viene de un mirar que no es interno sino externo, es decir, otra forma de sordera. El principal punto ciego aquí es que mover la estructura (organigrama) es las más primitiva de las formas de organización, necesaria pero no fundamental, entrar por mover este mapa puede ahogar, de hecho, la posibilidad de ver las verdaderas estructuras.

 

Estoy convencida, tal como lo trae Ana María, que la conversación es el camino, de allí que metodologías como las propuestas por Confluye de valorar el Capital Conversacional de una Organización, facilitan el develar de las estructuras a partir del propio hacerse cargo, en otras palabras, cuando yo valoro mi propia forma de ponerme en las conversaciones dentro de una empresa, y veo mediante una plataforma los resultados de lo que estamos construyendo o alimentando juntos, puedo hacerme cargo de mi participación en lo que está o no funcionando.

 

Es por esta razón, que en conversaciones con Comités y Juntas Directivas, Equipos de Trabajo, grupos y personas en particular, sobre sus resultados del Capital Conversacional, es inevitable que aparezcan los elementos estructurales que no contribuyen al mejoramiento del sistema, como ejemplo: Normas internas que no permiten el movimiento, formas de control que exacerban la desconfianza, ejercicios de dominación mando-obedezco que no facilitan la autonomía, prácticas que se mantienen con los años y que nadie ha cuestionado, formas de mirarse en la relación entre áreas, equipos, personas por los cargos que ocupan, es decir: elementos estructurales del sistema.

 

¿Que hace la diferencia entonces? Que los resultados del Capital Conversacional, permiten ver que somos nosotros quienes alimentamos las formas, legitimas o legales, y que en ese movimiento ya no somos nosotros a parte de las estructuras. Entonces hay dos puntos ciegos que se despejan, el primero es el panorama de las estructuras con sus grietas y disfuncionalidades, (que puede despejarse también con otras formas) y después el principal punto ciego que somos las personas alimentando las estructuras, Yo con la estructura. En este sentido lo que permite la conversación sobre las conversaciones es develar los puntos ciegos.

 

Si al darse cuenta, de lo anterior, somos capaces de detenernos y preguntarnos por el sentido de lo que hacemos, entonces podemos entrar de manera orgánica, desde las entrañas mismas a generar el movimiento necesario. Cuando una estructura se revela desde adentro nuestro, no hay manera de no hacernos cargo a menos que decidamos voluntariamente No ver.